A solo 60 kilómetros de La Paz se encuentra uno de los secretos mejor guardados de Bolivia: la Laguna Glaciar Ventanani. A más de 5.000 metros sobre el nivel del mar, en la Cordillera Real, este espejo turquesa, inmerso en el silencio absoluto de una naturaleza salvaje, ofrece una experiencia en uno de los ecosistemas más frágiles frente al cambio climático, en definitiva un viaje que transforma.
Tres lagunas, un solo sendero
La ruta comienza en La Paz o El Alto, con un viaje de dos horas hasta la comunidad de Tuni, un pequeño pueblo aymara acostumbrado a la vida en altura y a los caprichos del clima andino. El sendero serpentea entre paisajes espectaculares de humedales, rebaños de llamas y miradores naturales, revelando la inmensidad de los picos nevados.
Este circuito conecta tres lagunas formadas por el deshielo glaciar:
● Laguna Jurikhota: La primera parada, famosa por su forma alargada y aguas de un azul profundo, rodeada por las imponentes montañas del macizo del Condoriri. Su entorno es sobrecogedor, con glaciares colgantes y una atmósfera de absoluta serenidad.
● Laguna Eslovenia: Un poco más elevada, a unos 4.900 metros, se alcanza tras cruzar un paso de montaña desde Jurikhota. Poco conocida y raramente visitada, es una verdadera joya escondida de la Cordillera Real, con vistas únicas y cascadas temporales cuando el sol derrite la nieve acumulada en las cumbres.
● Laguna Ventanani: El destino final, a 5.080 metros, es un espejo casi perfecto que refleja el cielo andino. Frente a la laguna se alza un glaciar con cuevas de hielo, un escenario ideal para fotografías. Por la noche se forman estalactitas que se desprenden con los primeros rayos del sol.
Aunque la ruta puede completarse en un solo día, la caminata toma entre seis y ocho horas ida y vuelta, y requiere buena condición física y aclimatación adecuada. Los últimos 30 metros, con terreno suelto y una pendiente pronunciada, ponen a prueba la determinación de cualquier viajero.
Las comunidades en el corazón de la preservación
La mayoría de los senderos que rodean la laguna son gestionados por comunidades locales, que controlan el acceso y recaudan tarifas simbólicas para mantener los caminos y controlar los desechos. Este sistema genera ingresos directos para poblaciones que históricamente han protegido estos paisajes. En un contexto donde el turismo de altura crece cada año, Ventanani se ha convertido en un símbolo de turismo responsable, respetuoso tanto con la fragilidad del ecosistema como con la sabiduría ancestral de sus habitantes.
Fauna, cultura y leyendas andinas
Aunque la laguna es la principal atracción, el camino ofrece encuentros inesperados: cóndores andinos que planean sobre las cumbres, vizcachas camufladas entre las rocas y, con suerte, zorros de altura. Los guías locales también comparten leyendas de montañas sagradas y relatos de rituales de gratitud a la Pachamama (Madre Tierra), que aún practican las comunidades aymaras.
Consejos prácticos para viajeros
- Mejor época para visitar: De junio a agosto, cuando los cielos están despejados y los senderos menos resbaladizos.
- Equipo: Ropa térmica, capas impermeables, botas de trekking, bastones de ca.
- Salud: Mínimo dos días de aclimatación en La Paz antes de la caminata.
- Guide recommended: For safety and to enrich the cultural experience.
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Ventanani es un encuentro con la montaña y con uno mismo. Allá arriba, cada respiro nos recuerda nuestra vulnerabilidad —y la fragilidad de los glaciares, que se derriten un poco más cada año. Viajar hasta aquí implica asumir una responsabilidad: proteger aquello que venimos a admirar. Porque mañana, esta joya podría existir solo como un recuerdo grabado en el hielo desaparecido.
Fotos: Hernan Payrumani