Cuando se habla del animal emblemático del Perú, muchos piensan en la alpaca; otros, influenciados por una famosa película de Disney, mencionan a la llama. Sin embargo, el verdadero símbolo de la fauna nativa —tan icónico que figura en el escudo nacional— es la vicuña. Este animal de las altas mesetas andinas no es grande ni imponente, pero su fibra, tan suave como escasa, es más valiosa que el oro. Detrás de su silueta fina y elegante se esconde una historia de rescate, tradición y lujo discreto.

Del animal sagrado al ícono nacional
La relación entre los pueblos andinos y la vicuña es ancestral. Los incas la consideraban sagrada, y su esquila solo se realizaba durante el chaccu, una ceremonia en la que los animales eran reunidos, esquilados y luego liberados. Solo la nobleza podía vestir esta lana, lo que reforzaba aún más su valor simbólico.
De especie casi extinta a protegida
En la década de 1960, había menos de 10 000 vicuñas en todo el país. La caza ilegal por su fibra llevó a la especie al borde de la extinción. Como respuesta, el Estado peruano creó la Reserva Nacional de Pampa Galeras y, junto con las comunidades locales, implementó un modelo de protección y uso sostenible. Hoy, se contabilizan más de 200 000 vicuñas solo en Perú, y el acceso a su fibra está estrictamente regulado por acuerdos internacionales como la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres).
En reconocimiento a este esfuerzo colectivo, Perú celebra cada 15 de noviembre el Día Nacional de la Vicuña, una fecha que destaca su papel ecológico y el trabajo de las comunidades que la protegen.
La fibra más fina del mundo
La fibra de la vicuña mide entre 12 y 13 micras de diámetro —más fina que el cachemir— y es extremadamente cálida, ligera y suave. Cada animal produce solo entre 150 y 250 gramos de fibra cada dos o tres años. Por eso, un kilo puede venderse por más de 500 dólares en el mercado legal, alcanzando precios aún mayores en circuitos no regulados.
Algunas casas de alta costura han hecho de esta fibra su sello distintivo. Un abrigo de vicuña puede costar entre 4 000 y 20 000 dólares, y no es raro que la prenda incluya información precisa sobre el origen exacto de la fibra, gracias al sistema de trazabilidad.
Una fuente de ingresos para las comunidades andinas
Perú alberga más del 80 % de la población mundial de vicuñas, y la venta de su fibra mediante subastas autorizadas genera ingresos para más de 600 comunidades rurales en regiones como Ayacucho, Puno, Arequipa y Cusco. Sin embargo, persisten desafíos en cuanto a la equidad en la cadena de valor: el precio pagado por la fibra en origen sigue siendo bajo en comparación con el que alcanza en los mercados internacionales.
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Una tradición que perdura
El chaccu sigue practicándose como un método eficaz de manejo de la especie. Las comunidades organizan la esquila de ejemplares adultos únicamente con apoyo técnico y veterinario para evitar cualquier explotación intensiva.
La vicuña debe su prestigio no a un mito, sino a una historia real, preservada por los esfuerzos conjuntos de quienes habitan los Andes. Su fibra sigue siendo rara, costosa y admirada. Pero, más aún, es fruto de una coexistencia paciente entre el hombre y la naturaleza, a más de 3 500 metros de altitud.
Fotos: PROMPERÚ | Keishpixl | @jordibartolomefilella | @erick_c.sar_