Desde los altiplanos del norte hasta los glaciares patagónicos, Chile reúne una diversidad de altitudes poco común en el continente. En un contexto en el que los viajeros buscan cada vez más experiencias de aventura, responsables y conectadas con entornos preservados, el país se posiciona como uno de los territorios mejor estructurados de Sudamérica para el turismo de montaña. A escala nacional, infraestructuras, seguridad y variedad de ecosistemas permiten recibir tanto a amantes del trekking como a quienes buscan expediciones de gran altitud.
La Ruta de los Seismiles: a las puertas del desierto, otro mundo
En el Altiplano de la región de Atacama, la Ruta de los Seismiles reúne más de una docena de cumbres que superan los 6.000 metros, entre ellas el Ojos del Salado (6.893 m), el volcán activo más alto del planeta. El recorrido comienza en Copiapó y atraviesa la cordillera Claudio Gay, un territorio de salares, lagunas de altura — Verde, Santa Rosa, Negro Francisco — y matices minerales modelados por el viento y la aridez.
La ascensión exige una logística rigurosa: vehículos 4×4, guías certificados y permisos de acceso. Aun así, la zona ofrece una accesibilidad notable para la alta montaña, ya que es posible alcanzar casi 5.800 metros en vehículo. Las expediciones se concentran entre noviembre y marzo, el periodo meteorológico más estable. Las condiciones excepcionales de visibilidad hacen de esta región un lugar privilegiado para la astrofotografía y ciertas investigaciones científicas.
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Patagonia: los clásicos circuitos “W” y “O” del parque Torres del Paine

En el extremo sur, el parque nacional Torres del Paine sigue siendo un referente mundial del trekking. El
Más exigente, el Circuito O rodea todo el macizo a lo largo de más de 110 kilómetros. Conduce a zonas más aisladas, como el paso John Gardner, que abre la vista a la inmensidad del campo de hielo Sur. La temporada ideal va de octubre a abril, cuando los servicios turísticos operan plenamente y los vientos son menos intensos.
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Cordillera Central: esquí, deportes de altura y escapadas urbanas
A menos de dos horas de Santiago, Valle Nevado, La Parva y El Colorado forman un corredor turístico capaz de recibir tanto a deportistas de alto nivel como a familias internacionales. Entre junio y septiembre, ofrecen una de las propuestas más completas de esquí y snowboard de la región, respaldada por escuelas especializadas, alojamientos y restaurantes.
En la temporada cálida, las pistas se transforman en rutas de ciclismo de montaña, senderos y espacios para observar fauna. Su cercanía a la capital permite combinar con facilidad naturaleza, cultura, gastronomía y visitas urbanas, una flexibilidad muy apreciada por quienes viajan en estancias cortas.
Cajón del Maipo: la puerta de entrada a los Andes
Al sureste de Santiago, el Cajón del Maipo constituye el acceso privilegiado a los Andes para actividades de media y alta montaña. El emblemático embalse El Yeso atrae por sus aguas turquesas rodeadas de cumbres nevadas, pero el valle ofrece mucho más: rafting, escalada, termas, senderos y ascensiones al volcán San José o al Marmolejo, el seismil más austral del planeta.
El desarrollo de alojamientos rurales, ecolodges y una oferta gastronómica centrada en productores locales refuerza el atractivo de este destino entre los viajeros internacionales.
Desde las cumbres andinas del norte hasta las grandes masas de hielo australes, Chile ofrece una manera singular de acercarse a la montaña: un territorio donde cada altitud revela una relación distinta con el paisaje, el esfuerzo y el silencio. En un país que combina seguridad, variedad y accesibilidad, la alta montaña se convierte no solo en un espacio de aventura, sino también en un viaje hacia lo esencial.
Fotos: Chile Travel | Saúde Sem Escala