Perú está modificando la manera en que se presenta a nivel internacional. En lugar de sumar sitios emblemáticos dentro de un relato fijo, la promoción turística se estructura ahora en torno a experiencias específicas, territorios menos expuestos y productos pensados para perfiles de viajeros claramente identificados. Esta evolución refleja menos un cambio de rumbo que una nueva forma de contar el país, en sintonía con las expectativas actuales de los mercados.
La segmentación como punto de partida
La estrategia impulsada por Promperú se basa en un principio sencillo: partir de las motivaciones del viajero y no de una lista de lugares. De este modo, Perú pone el foco en varios segmentos prioritarios, como el turismo de aventura y naturaleza, la gastronomía, las experiencias culturales y el turismo religioso, en particular a través de productos como la Ruta del Papa León XIV, vinculada directamente con la historia y los paisajes de las distintas regiones.
Este enfoque permite ajustar el discurso, los soportes y las propuestas según las expectativas específicas de cada público, y superar una lectura homogénea del destino
El viajero de aventura como hilo conductor
Entre estos segmentos, el viajero de aventura ocupa un lugar central. Según un estudio de Promperú, estos visitantes internacionales permanecen en promedio trece noches en el país y gastan cerca de 1.813 USD por viaje, una cifra superior a la media internacional. Mayoritariamente de entre 25 y 34 años, proceden de mercados como Estados Unidos, Brasil o España, planifican sus estancias con antelación y concentran la totalidad de su viaje dentro del Perú.
Este perfil refuerza la puesta en valor de experiencias vinculadas al trekking, la alta montaña y los entornos naturales, especialmente en regiones como Áncash o la Amazonía, a menudo percibidas como secundarias dentro de los circuitos clásicos.
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Conectividad y herramientas al servicio de la planificación
Para acompañar esta evolución del relato, la accesibilidad sigue siendo un elemento clave. La conectividad aérea se presenta como un factor para facilitar la llegada de viajeros de larga distancia y fomentar estancias más prolongadas. En este contexto, la aerolínea LEVEL lanzó recientemente un vuelo directo entre Barcelona y Lima, mientras que un nuevo acuerdo de servicios aéreos entre Perú y Australia abre la puerta a futuras conexiones.
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En paralelo, la estrategia incorpora herramientas digitales orientadas a la preparación del viaje. El desarrollo de un planificador basado en inteligencia artificial, cuyo lanzamiento está previsto para abril de 2026, busca permitir a los viajeros diseñar itinerarios personalizados según sus intereses, reforzando así la lógica de experiencias a medida.
Diversificar sin diluir
La ampliación de la oferta constituye otro pilar de esta recomposición. Regiones como Lambayeque destacan por un aumento en la afluencia de visitantes y por campañas que ponen en valor itinerarios culturales y gastronómicos. El objetivo no es trasladar la atención de un sitio a otro, sino proponer alternativas sólidas, capaces de prolongar las estancias y distribuir mejor los flujos turísticos.
A través de esta estrategia, Perú no solo busca diversificar su oferta, sino transformar la manera en que el viaje se concibe y se narra. Al partir de las motivaciones, los usos y los perfiles, el país construye un relato más claro para los mercados internacionales, donde la experiencia precede a la lista de lugares.
Más que una acumulación de sitios emblemáticos, se propone una lectura personalizada del territorio desde la fase de planificación. Un enfoque que reposiciona a Perú como un país para recorrer a su propio ritmo, según lógicas de viaje más comprometidas y más sostenibles.
Foto: Peru travel