El año 2027 no será una fecha simbólica más en el calendario internacional. Declarado Año Internacional del Turismo Sostenible y Resiliente por la Asamblea General de las Naciones Unidas, coloca al sector bajo los reflectores globales. Para preparar este momento, ONU Turismo publicó una hoja de ruta destinada a transformar la declaración en un plan de acción.
Detrás del lenguaje institucional, el mensaje es claro: los destinos ya no podrán limitarse a expresar compromisos. Deberán demostrar su capacidad para integrar la sostenibilidad y la resiliencia en sus decisiones estratégicas, inversiones y gobernanza.
Prioridades que van más allá del discurso
La hoja de ruta pone el acento en tres ejes: acción climática, inclusión social y gestión responsable de los recursos naturales. Recuerda que la sostenibilidad no es un sello, sino un proceso continuo que requiere cooperación entre gobiernos, empresas y comunidades locales.
Otro punto central es la alineación del turismo con otras políticas públicas — reducción de la pobreza, conservación de la biodiversidad y empleo de calidad. En otras palabras, el sector está llamado a salir de su lógica aislada para integrarse en una estrategia de desarrollo más amplia.
Para los países de América Latina, estas orientaciones no son teóricas. La región concentra tanto destinos de alta afluencia internacional como territorios aún en proceso de estructuración. La hoja de ruta ofrece un marco que permite fortalecer las cadenas de valor locales, diversificar la oferta y mejorar la capacidad de adaptación frente a riesgos climáticos o económicos.
Una presencia latinoamericana estratégica
La implementación del plan será seguida por el Comité de Turismo y Sostenibilidad (CTS), actualmente presidido por Costa Rica, país citado con frecuencia como referencia por su compromiso ambiental. Por su parte, la República Dominicana acogerá la 27ª Asamblea General de ONU Turismo en 2027, reforzando la visibilidad regional en los debates globales.
Esta presencia no es menor: sitúa a América Latina en el centro de las discusiones sobre los estándares y herramientas que estructurarán la próxima fase del turismo internacional.
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2027 como prueba de credibilidad
Más allá de los anuncios, la hoja de ruta abre una fase de preparación concreta: acceso a redes de cooperación técnica, intercambio de conocimientos y acompañamiento a los destinos. ONU Turismo supervisará su avance con el objetivo de transformar los compromisos en resultados medibles.
Pero 2027 también será una prueba. Los años internacionales se suceden, al igual que las declaraciones. Lo que marcará la diferencia será la capacidad de los destinos para demostrar progresos tangibles: mejor gestión de recursos, integración de comunidades y resiliencia frente a crisis.
Para los actores latinoamericanos, el reto es doble. Por un lado, responder a las crecientes expectativas de los mercados internacionales en materia de sostenibilidad. Por otro, utilizar esta fecha como palanca para estructurar sus políticas turísticas y fortalecer su posicionamiento.
El Año Internacional de 2027 no transformará el sector por sí solo. Sin embargo, fija un horizonte común y crea un marco de evaluación. Para los destinos que sepan prepararse, puede convertirse en un acelerador más que en una restricción.
Foto: Visit Costa Rica