El Dalái Lama del Amazonas: un testimonio del pueblo yanomami

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Texto y fotos de Survival International – Este artículo fue publicado originalmente en www.elcafelatino.org


Survival International es el movimiento global por los derechos de los pueblos indígenas. Es una organización dedicada exclusivamente a defender sus vidas, proteger sus territorios y garantizar que los pueblos indígenas puedan decidir su propio futuro en todo el mundo.

El famoso chamán yanomami Davi Kopenawa, conocido como el «Dalái Lama de la selva amazónica», ganó este año el Right Livelihood Award, también conocido como el «Premio Nobel Alternativo».

En 2010 escribió La caída del cielo, el primer libro escrito por un yanomami. En él explora la cosmología yanomami y describe de manera conmovedora la lucha de su pueblo por sobrevivir a las epidemias y a la violencia. El director de Survival International, Stephen Corry, lo ha calificado como «uno de los libros más importantes de nuestro tiempo».

En la tierra del hombre blanco

Cuando vi Europa, la tierra de la gente blanca, me sentí angustiado. Algunas ciudades son hermosas, pero el ruido nunca se detiene. Se desplazan en coche, por la calle e incluso en trenes subterráneos. Hay ruido y gente por todas partes. La mente se vuelve oscura y enredada, no se puede pensar con claridad. Por eso los pensamientos de los blancos están llenos de vértigo y no entienden nuestras palabras. Todo lo que dicen es: «¡Estamos muy contentos de conducir y volar! ¡Seguiremos adelante! ¡Busquemos petróleo, oro, hierro!». El pensamiento de los blancos está obstruido; por eso maltratan la tierra, la despojan por todas partes e incluso la excavan debajo de sus casas. Solo piensan que algún día se derrumbará.

Nosotros queremos que el bosque se conserve tal como es, para siempre. Queremos vivir allí con buena salud y queremos que los espíritus xapïripë (chamánicos), la caza y los peces sigan viviendo allí. Solo plantamos las plantas que nos alimentan; no queremos fábricas, agujeros en la tierra ni ríos contaminados. Queremos que el bosque permanezca en silencio, que el cielo siga despejado, que caiga la noche y que las estrellas sean visibles

Sueños de los orígenes

Los espíritus xapiripë (chamánicos) han estado danzando para los chamanes desde el principio de los tiempos y continúan haciéndolo hoy. Se parecen a los seres humanos, pero son tan diminutos como partículas de polvo brillante. Para verlos, es necesario inhalar varias veces el polvo del árbol yãkahanahi.

Los xapiripë bailan juntos sobre grandes espejos que descienden del cielo. Nunca son grises como los humanos. Siempre son hermosos: sus cuerpos están pintados con urucum (achiote) y adornados con diseños negros; sus cabezas están cubiertas con plumas blancas de buitre; sus brazaletes de cuentas están llenos de plumas de loro, cujubim (un tipo de ave) y guacamayo rojo; y sus cinturas están rodeadas de colas de tucán.

Miles de ellos llegan para bailar juntos, agitando hojas de palmeras jóvenes, lanzando gritos de alegría y cantando sin cesar. Su camino parece un hilo de araña que brilla a la luz de la luna, y sus adornos de plumas se mueven lentamente al ritmo de sus pasos. ¡Es una alegría ver lo hermosos que son!

Los espíritus son tan numerosos porque son las imágenes de los animales del bosque. Todo en el bosque tiene una imagen utupë: los que caminan por el suelo, los que trepan a los árboles, los que tienen alas y los que viven en el agua. Estas son las imágenes que los chamanes llaman y hacen descender para que se conviertan en espíritus xapiripë.

Estas imágenes son el verdadero centro, el verdadero interior de los seres del bosque. La gente común no puede verlas, solo los chamanes. Pero no son las imágenes de los animales que conocemos hoy. Son las imágenes de los padres de esos animales, las imágenes de nuestros antepasados. Al principio, cuando el bosque aún era joven, nuestros antepasados eran humanos que llevaban nombres de animales y que con el tiempo se convirtieron en presas. Son aquellos a los que hoy cazamos con flechas y comemos. Pero sus imágenes no han desaparecido, y son ellas las que bailan para nosotros como espíritus xapiripë.

La gente blanca escribe sus palabras porque sus pensamientos están llenos de olvido. Nosotros hemos conservado las palabras de nuestros antepasados dentro de nosotros durante mucho tiempo y seguimos transmitiéndolas a nuestros hijos. Los niños que no saben nada de los espíritus escuchan los cantos de los chamanes y luego desean verlos también. Así, aunque son muy antiguas, las palabras de los xapiripë siempre vuelven a hacerse nuevas. Son ellas las que amplían nuestros pensamientos. Son ellas las que nos hacen ver y conocer las cosas lejanas, las cosas antiguas. Es nuestro aprendizaje el que nos enseña a soñar.

 

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