En Bolivia, cerca del 75 % del territorio pertenece a la cuenca amazónica, un conjunto de bosques, sabanas, ríos y humedales que conforman una de las geografías más diversas del país. Entre estos paisajes, las Pampas del Yacuma, en el departamento del Beni, destacan por sus horizontes abiertos y su fauna particularmente abundante. Aquí, el agua no es un simple decorado: guía el desplazamiento, marca el ritmo del día y refleja la vida que se desarrolla a su alrededor.
Rurrenabaque, punto de partida hacia las pampas

La aventura suele comenzar en Rurrenabaque, accesible mediante un corto vuelo desde La Paz. Desde allí, la carretera hasta Santa Rosa del Yacuma requiere más de tres horas. En temporada seca, el trayecto se realiza sin mayores dificultades; al llegar las lluvias, las condiciones cambian y el avance se vuelve más lento. Este tiempo de viaje forma parte de la experiencia: en esta región, la naturaleza impone su ritmo, y los conductores locales se adaptan con una precisión tranquila.
A lo largo del camino, pastizales, palmeras solitarias y aldeas dispersas anuncian la proximidad de los embarcaderos. En la orilla del río Yacuma, la carretera termina y da paso al territorio del agua.
También lee: La Paz in 10 Experiences: Culture, Altitude, and Magic in Bolivia
El río como hilo conductor
Una vez a bordo, el río se convierte en un camino y un mirador. En cada recodo aparecen escenas de vida silvestre: delfines rosados deslizándose entre los juncos, caimanes inmóviles en la superficie, monos saltando de árbol en árbol y una multitud de aves mostrando colores inesperados. No se necesita sendero: la naturaleza se puede observar directamente desde el agua, con una cercanía poco habitual.
A lo largo del recorrido, varios lodges y ecolodges reciben a los viajeros. Construidos en madera y cubiertos de palma, la mayoría son gestionados por comunidades locales. Su diseño minimiza el impacto ambiental y ofrece alojamientos sencillos—habitaciones con mosquitero, baños compartidos y pensión completa—para vivir de cerca la vida del río. Las estancias de dos o tres días permiten explorar los canales y observar la fauna, especialmente entre mayo y octubre, durante la temporada seca.
Un territorio a escala humana
Las Pampas del Yacuma ofrecen una biodiversidad comparable a la del Pantanal brasileño, pero en espacios más íntimos, lejos de las rutas turísticas más concurridas. La infraestructura sigue siendo básica, pero los operadores locales cuentan con amplia experiencia en expediciones naturalistas, garantizando itinerarios seguros y respetuosos con los ecosistemas.
Al finalizar el viaje, las imágenes permanecen vívidas. En las tierras húmedas del Yacuma, el recuerdo se construye menos con una cámara y más con la sensación de haber descubierto un lugar donde la Amazonía se vive a su propio ritmo, sin artificios.
Fotos: Mauricio Aguilar