En América Latina, diciembre no comienza bajo un árbol decorado ni con compras de última hora. Se abre cuando las ciudades adoptan otro ritmo, marcado por encuentros, preparativos y rituales propios de esta época. Estos momentos combinan historia, participación comunitaria y prácticas transmitidas de generación en generación, ofreciendo una manera singular de explorar la región durante la temporada navideña.
Día de las Velitas: la noche que abre la temporada

Cada 7 de diciembre, la Navidad comienza oficialmente en Colombia. Inicialmente asociado a la celebración de la Inmaculada Concepción, el Día de las Velitas se ha convertido en una tradición familiar y comunitaria. El encendido de velas y faroles simboliza gratitud, deseos para el año que viene y la voluntad de iluminar casas y barrios para recibir las fiestas.
Villa de Leyva es uno de los lugares más emblemáticos para vivir esta celebración, gracias a su festival luminoso, que se ha convertido en un referente nacional. Pero esta noche se celebra en todo el país, desde grandes centros urbanos hasta pequeñas localidades.
Las novenas: nueve días que reúnen generaciones
Las novenas, celebradas del 16 al 24 de diciembre, son una de las tradiciones más arraigadas en Colombia y Ecuador. Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando el sacerdote Fernando de Jesús Larrea, de Quito, redactó un texto para acompañar nueve noches de preparación antes de la Navidad. A principios del siglo XX, la religiosa Bertilda Samper modernizó su contenido y añadió los gozos, himnos que aún acompañan estos encuentros.
Estas reuniones se realizan alrededor del nacimiento, donde familiares, vecinos o colegas leen la reflexión del día, cantan y comparten especialidades de temporada. En Colombia, los buñuelos, la natilla, los tamales y el chocolate caliente son imprescindibles; en Ecuador, los pristiños, panes dulces y el canelazo marcan estos momentos.
Las Posadas: un recorrido colectivo en México

En México, las posadas, celebradas en los días previos a la Navidad, recrean el camino de María y José en busca de alojamiento antes del nacimiento de Jesús. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando las misas de aguinaldo, impulsadas por los frailes agustinos, comenzaron a acompañarse de procesiones y cantos en las calles. Con el tiempo, la tradición pasó a los hogares, conservando su carácter participativo.
Un grupo representa a los peregrinos, los participantes entonan letanías pidiendo “posada”, y el encuentro concluye con oraciones, cantos y un momento comunitario, a menudo acompañado de piñata, colación y platos típicos como tamales o atole.
Santurantikuy en Perú: una feria única en el año

En Cusco, los días previos a la Navidad están marcados por Santurantikuy, una feria artesanal organizada cada 24 de diciembre en la Plaza de Armas desde la época colonial. Su nombre, quechua para “venta de santos”, hace referencia a su finalidad inicial: proporcionar figuritas para los nacimientos domésticos. Con el tiempo, el evento se convirtió en uno de los mercados navideños más importantes de los Andes, reuniendo a artesanos de diversas regiones que ofrecen esculturas de madera, piezas de cerámica, objetos de plata y representaciones del Niño Manuelito, figura central de la tradición cusqueña.
Ya sea un pesebre familiar, un patio iluminado con velas o una mesa donde se comparten recetas tradicionales, estos momentos recuerdan lo que diciembre significa en la región: un mes para compartir, transmitir y celebrar.
Fotos: Abel Cárdenas | Marcos Castillo | Percy Hurtado Santillán