El “Bombín” Boliviano: De raíces europeas a la tradición boliviana

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Al recorrer las calles de La Paz, en Bolivia, hay algo que llama la atención entre las calles empedradas y los mercados bulliciosos: los sombreros bombín, conocidos como «Bombín» de las cholitas. No son simples accesorios. Se eligen con cuidado, se mantienen meticulosamente y se llevan con precisión. No se trata de una elección casual, sino de una afirmación de la tradición.


Orígenes europeos

La primera referencia a un sombrero con esta forma distintiva se encontró en el sur de Francia, en una obra religiosa del siglo XVI que representaba a José con este tipo de tocado. El sombrero bombín tal como lo conocemos hoy, con sus bordes rígidos, se fabricó por primera vez en 1849 en Inglaterra por Thomas y William Bowler, a petición de Edward Coke —sobrino del conde de Leicester—, quien necesitaba una alternativa más resistente y menos alta que los sombreros de copa, que solían caerse durante las cacerías. El resultado fue un sombrero de fieltro semiesférico con copa baja, apodado inicialmente Cokehat en honor a su promotor, y que más tarde, bajo el nombre de Bowler hat o billycock, se convirtió en un accesorio emblemático para personajes como Charlie Chaplin y John Steed.

Con el tiempo, ganó popularidad entre empleados de oficina, banqueros y funcionarios en Inglaterra. Incluso los miembros de la Guardia Real lo incorporaron a su uniforme, consolidando su estatus como símbolo de sofisticación y autoridad.

Su llegada a Bolivia

Hasta ahora no existe una versión oficial sobre cómo llegó este sombrero a Bolivia, pero una de las historias más aceptadas lo sitúa en la década de 1920. Comerciantes británicos, que buscaban vender sombreros a los ferroviarios bolivianos, se dieron cuenta rápidamente de que las tallas importadas eran demasiado pequeñas para los hombres. En lugar de perder la mercancía, lanzaron una campaña dirigida a las mujeres de La Paz, presentando el sombrero como la última tendencia de la moda europea.

Las mujeres indígenas, excluidas durante mucho tiempo de la moda dictada por las élites, adoptaron el bombín como una expresión de autodeterminación. No se limitaron a incorporarlo a su vestimenta: le dieron un significado. La forma en que una cholita inclina su bombín puede indicar su estado civil: centrado para las casadas, ligeramente ladeado para las solteras o viudas, y hacia atrás para quienes tienen relaciones complicadas. Según la tradición, el sombrero también se asociaba con la fertilidad de quien lo llevaba.

Cholitas: Tradición, identidad y transformación

Pocas imágenes son tan emblemáticas de Bolivia como la de las cholitas paceñas. Pero su nombre no siempre estuvo ligado al orgullo. Durante décadas, el término se utilizó de forma peyorativa para referirse a mujeres indígenas y mestizas, víctimas de discriminación y excluidas de muchos ámbitos sociales, incluido el trabajo y la vida pública. Hoy son empresarias, artistas, activistas e incluso luchadoras profesionales, desafiando estereotipos obsoletos en arenas donde realizan acrobacias impresionantes con sus características faldas pollera.

Estas mujeres andinas ya no están confinadas a los mercados o festividades religiosas; también han brillado en desfiles de moda, concursos de belleza y festivales culturales que celebran su identidad. Documentales como The Fighting Cholitas —premiado en el Festival de Sundance y en el Festival de Aspen— han dado a conocer su historia a nivel internacional, destacando su resiliencia y determinación.

Tráiler del documental:

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Un objeto único en su género

Para las cholitas, el bombín es un elemento esencial de su identidad. Lo cuidan meticulosamente, protegiéndolo del polvo y la lluvia. No es solo un sombrero, sino un objeto profundamente personal, a menudo adornado con cintas elaboradas, plumas y detalles complejos que reflejan el estilo de cada una.

Más allá de su significado cultural, también es un objeto de lujo. Las versiones de alta calidad pueden costar cientos, incluso miles de dólares, lo que lo convierte en un símbolo de estatus muy codiciado.

El bombín es más que una simple elección de moda; es un fragmento de historia viva. Llevado con elegancia y orgullo, ha evolucionado junto con las cholitas, adaptándose a los tiempos modernos sin perder su esencia. Hoy sigue siendo un poderoso emblema de tradición y resiliencia, prueba de que la cultura no es estática, sino que está en constante evolución, moldeada por quienes la portan.

Documental completo: The Fighting Cholitas (2006)

Fotos: Todd Antony | Andres Herbas | Kena Betancur

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