Cada agosto, Medellín se transforma en un inmenso jardín. Durante diez días, la capital del departamento de Antioquia celebra su evento más emblemático: la Feria de las Flores. Más que un festival, es una oda a la naturaleza, a la cultura campesina y a una tradición reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia: la de los silleteros.
Con más de 60 años de historia, este evento atrae a miles de visitantes y exhibe la riqueza floral de una región que aporta el 40 % de la producción nacional, contribuyendo a que Colombia sea el segundo exportador de flores más grande del mundo.
De las raíces a la gloria: La historia de los silleteros
Mucho antes de que Medellín se adornara con flores, las silletas tenían un propósito mucho más práctico. En tiempos prehispánicos, los habitantes de los Andes usaban estas sillas de madera, cargadas a la espalda, para transportar mercancías por caminos montañosos empinados y fangosos, donde ni mulas ni carretas podían pasar.
Con el tiempo, se convirtieron en una herramienta esencial para que los campesinos llevaran al mercado sus tesoros más preciados: las flores. En 1957, 50 cultivadores desfilaron por primera vez con sus creaciones por las calles. Desde entonces, cada agosto, Medellín rinde homenaje a estos hombres y mujeres que mantienen viva una tradición que se ha convertido en símbolo de identidad.
Un festival con mil rostros

Desde los primeros días, la ciudad se convierte en un escenario al aire libre con más de 110 eventos públicos y 200 actividades. En la programación: conciertos, el festival de danza Viva la Salsa y el Festival de Trova Orquídea de Oro, un evento muy querido donde los artistas improvisan versos en un duelo poético y divertido.
Pero la celebración va mucho más allá: La Feria a Ritmo de Bicicleta, el Festival Internacional de Cuentería, el Desfile de Chivas y Flores, el Festival de la Tusa y el Despecho, la Exposición de Orquídeas, Flores y Artesanías, entre muchos otros.
El Desfile de Silleteros: el evento principal

En la Avenida Regional, más de 530 participantes, vestidos de blanco, con sombreros aguadeños tradicionales, ruana (poncho de lana) y carriel (bolso típico de cuero), marchan con orgullo cargando silletas en la espalda: verdaderas obras maestras artesanales que pueden pesar hasta 90 kg y medir dos metros de diámetro.
Para preservar esta tradición, se aplica una regla esencial: los participantes deben pertenecer a una familia silletera y vivir en la zona hortícola de Santa Elena o sus alrededores.
Para honrar su oficio, la feria organiza un concurso que premia a los ganadores por categoría de edad y tipo de diseño:
- Silleta Tradicional: Arreglos simples y coloridos, fieles al origen de la tradición.
- Silleta Emblemática: Creaciones con mensajes cívicos, educativos o religiosos, a menudo con retratos o símbolos nacionales.
- Silleta Artística: Diseños abstractos celebrados por su originalidad.
- Silleta Comercial : Promotional for brands or businesses.
- Silleta Monumental: Las más grandes y elaboradas, con al menos cuatro variedades de flores.
Un jurado de expertos evalúa cada creación según técnica, frescura, cantidad, forma, diseño y variedad. Los ganadores se anuncian antes del desfile y tienen el honor de encabezarlo.
Nuestro artículo: Medellín, urban adventures in the city of eternal spring
¿Por qué ir?
Porque asistir a la Feria de las Flores no es solo ver a Medellín florecer: es sumergirse en una cultura, respirar el aroma de la celebración y moverse al ritmo de una ciudad que florece cada verano.
Entonces, ¿estarás allí para el próximo desfile, cuando la Ciudad de la Eterna Primavera se convierta en el ramo de flores más grande del mundo?
Fotos: Alcaldía de Medellín