Texto de Nayra Palacios Miquel – Traducción de Claudia Oudet – Este artículo fue publicado originalmente en www.elcafelatino.org
La Amazonía colombiana perdió 52.000 hectáreas en el primer semestre de 2022. Sin embargo, la región más afectada es, sin duda, la Amazonía brasileña, que solo en junio de 2022 perdió 1.120 km² de vegetación indígena.
La riqueza natural y cultural de la Amazonía existe gracias a sus pueblos indígenas, pero desde hace muchos años se encuentra amenazada, ya sea por taladores ilegales, grupos dedicados al narcotráfico o empresas sin escrúpulos que solo piensan en el beneficio económico. En los últimos 36 años, la Amazonía ha perdido el 17 % de su cobertura vegetal. Si se supera el umbral del 20‑25 % de deforestación total, se alcanzará un punto de no retorno. El Panel Científico por la Amazonía advierte del peligro de que la selva se convierta en una sabana, un ecosistema donde los árboles son escasos y dispersos. Esto incrementaría el riesgo de incendios forestales y provocaría graves desequilibrios en la humedad
En la COP15 de Montreal sobre biodiversidad se asumió el compromiso de proteger el 30 % de los océanos y de las tierras del mundo, así como de restaurar el 30 % de las áreas degradadas de aquí a 2030. La biodiversidad es esencial para proteger el planeta y mantener el equilibrio entre todas las especies y la naturaleza. Más de 110 Estados se han adherido a este tratado, que protege no solo a la naturaleza, sino también a las personas que viven en ella.

Otro acuerdo específico establece que las empresas europeas deberán garantizar que los materiales que importan —ya sea madera, soja o aceite de palma— no procedan de zonas protegidas. Todos estos pactos contribuirán a reducir el riesgo de extinción de especies y a proteger la biodiversidad.
Pero más allá de eso, representan una llamada de atención para la humanidad, los gobiernos y el sector empresarial. El punto de inflexión se acerca y, aunque organizaciones como el IPCC advierten de que solo quedan tres años para reducir las emisiones de CO₂ y salvar el planeta, los cambios implementados no están a la altura de la magnitud de los problemas ni de sus consecuencias.
La pregunta es cómo ayudar a frenar esta deforestación estando lejos de América Latina. Una solución sencilla es dejar de apoyar a las empresas que la financian; informarse sobre los proyectos en los que invierte nuestro banco o sobre las condiciones en las que se producen los bienes que consumimos; comprar productos con una baja huella de CO₂ o que garanticen una remuneración justa a los productores es un buen comienzo y un pequeño gesto al alcance de todos.
Muchas ONG se han sumado a la lucha para proteger la Amazonía. La Amazon Conservation Association trabaja desde hace 20 años en la cuenca amazónica, tanto en la Amazonía peruana como en la boliviana. Amazon Watch no solo lucha por la conservación de la selva amazónica, sino también por la protección y el respeto de los pueblos indígenas.
La Rainforest Foundation colabora con comunidades indígenas para desarrollar tecnologías que permitan proteger los bosques de la explotación y los incendios. Existen muchas otras iniciativas de este tipo, fácilmente accesibles en línea, con las que cualquier persona puede colaborar. Como ya se ha dicho, «el cambio empieza por nosotros».