Texto de Emeline Rateau, fotografías de Franck Romero – Este artículo fue publicado originalmente en www.elcafelatino.org
«Oiga, mire, vea, véngase a Cali para que vea», proclama la orquesta Guayacán al ritmo de la salsa, invitando a su público a visitar la capital internacional de este género musical. Reconocida como patrimonio cultural de la nación colombiana en 2022, la salsa caleña está estrechamente vinculada a la ciudad de Cali, situada en el oeste de Colombia, en el departamento del Valle del Cauca.
«Hay salsa en todas partes: en la calle, en el transporte público, en la televisión, en los cumpleaños y en las fiestas», cuenta Nicolás, caleño de nacimiento. En este mundo paralelo, las discotecas se convierten en salsotecas, las salas de conciertos en salsódromos y los espectáculos de fin de curso de los escolares están enteramente dedicados a la salsa. «Es una cultura única, imprescindible en Cali, que no deja de exaltar su patrimonio artístico y musical. Artistas de todo el mundo vienen aquí para participar en festivales organizados por la ciudad, como la Feria de Cali, el Petronio Álvarez y el Campeonato Mundial de Salsa». De hecho, el impacto cultural de la salsa no se limita a la música, sino que también se extiende a los pasos de baile. «Cali y si quieres bailar como es».
Hombros, caderas, rodillas: todo el cuerpo se mueve al son de la salsa. No es de extrañar que todos los caleños sepan bailar. Lo aprenden en familia o en la escuela. Esto permite a todos disfrutar de la música y “sentir” el ritmo. Para los expertos, lo más valorado es la rapidez de los movimientos, así como la técnica. En los campeonatos, se encadenan figuras acrobáticas con una sucesión vertiginosa de pasos complejos.
Esta creciente codificación del género musical dio lugar a reivindicaciones por parte de las generaciones más jóvenes, que querían bailar salsa libremente, sin someterse a reglas precisas. De ahí surgió una nueva tendencia, llamada salsa choke, que incorpora pasos de baile más sencillos y permite, al mismo tiempo, la hibridación con otros géneros musicales regionales, como el reguetón y sus ritmos repetitivos. En una ciudad en contacto permanente con su herencia musical, las mezclas se producen constantemente, permitiendo que el género evolucione sin cesar. La salsa es, en sí misma, una fusión de música y cultura.
Nuestro artículo: Cali, un baile con la historia y la cultura colombianas

Cuenta la leyenda que un grupo de músicos cubanos y colombianos se reunió en Nueva York en la década de 1960 para tocar en la misma orquesta. Esta mezcla de trompetas y piano importados de Cuba con tambores afrocolombianos dio lugar a un nuevo sonido: la salsa. Intrigados por este nuevo descubrimiento, los artistas regresaron a sus países y continuaron explorando este género musical, antes de volver a encontrarse en varias ocasiones para tocar juntos. Esta historia explica las diferencias musicales entre la salsa cubana y la salsa caleña. En Colombia, el ritmo puede variar dentro de una misma composición musical, mientras que la salsa cubana prefiere mantener un ritmo constante a lo largo de toda la canción.
Además, Cali es la segunda ciudad con mayor población negra de Colombia, por lo que la influencia africana es especialmente fuerte. En 1988, Joe Arroyo cantaba «Africanoss, en cadenas besaban mi tierra» en Rebelión, antes de añadir «No le pegue a la negra» sobre un ritmo vibrante. Himno de la salsa y de la cultura afrocolombiana, esta música habla de la esclavitud y del maltrato durante la trata de esclavos, y critica la opresión heredada de la colonización. Estas letras profundamente trágicas, acompañadas de una melodía bailable, demuestran que la salsa también se caracteriza por ser un medio de comunicación único, propio de las sociedades en las que se crea. Sus oyentes incluso la asocian con su identidad. Como afirma Nicolás: «Para mí, la salsa representa una conexión única con la ciudad donde nací».