Algunas destinos cautivan por su arquitectura, otros por sus paisajes… y luego están aquellos que se revelan a través de la riqueza de sus sabores. América Latina, tierra de contrastes e historias culinarias, invita a un viaje donde cada bocado cuenta una historia.
Food & Wine ha incluido a tres ciudades latinoamericanas entrelas próximas grandes capitales gastronómicas del mundo: Arequipa (Perú), Mérida (México) y Recife (Brasil). Tres nombres, tres universos, un hilo conductor: sabores inolvidables.
Arequipa: la gastronomía en su punto más alto

Apodada la “Ciudad Blanca” por sus fachadas de piedra volcánica, Arequipa eleva la cocina peruana a su máxima expresión. Aquí, las picanterías son más que restaurantes: son instituciones culturales. En otro tiempo simples tabernas de chicha (bebida a base de maíz), hoy son guardianas de recetas emblemáticas.
En el menú: rocoto relleno, chupe de camarones o el tradicional adobo dominical, platos que preservan un legado mestizo y andino. A ello se suma un centro histórico inscrito en la UNESCO, mercados dinámicos, dulces como el queso helado (¡un postre helado sin queso!) y el pan tres puntas: cada parada es una revelación.
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Mérida: donde cada sabor encierra una leyenda

La emblemática ciudad de Yucatán combina elegancia colonial con tradiciones mayas. Es difícil resistirse a la cochinita pibil, cocida lentamente bajo tierra, envuelta en hojas y marinada con achiote y jugo de naranja agria. ¿Su encanto? Los sabores ahumados, realzados por especias que distinguen a esta cocina del resto de México.
Para una inmersión total, el Museo de la Gastronomía Yucateca revela los secretos de esta cocina ancestral: rituales, técnicas e historias que conectan la tierra con la mesa. Aquí, comer significa saborear una cultura milenaria.
Recife: donde el Atlántico baila con África

En Recife, conocida como la “Venecia de Brasil”, cada plato reúne herencia africana, indígena y portuguesa. El Atlántico marca el ritmo: caldeirada con leche de coco, guisos de mariscos y sustanciosas sopas de pescado. Y los postres prolongan el deleite: bolo de rolo, delicadamente enrollado y relleno de guayaba, y cartola, una irresistible mezcla de plátano frito y queso fundente, espolvoreada con canela y azúcar. ¡Cada bocado es una celebración!
Detrás de cada plato hay una historia, un pueblo, una identidad. Arequipa, Mérida y Recife recuerdan que viajar no solo significa cambiar de paisaje: también es sentarse a la mesa, escuchar lo que los sabores tienen que decir, descubrir los rostros de quienes los preparan… y llevarse un recuerdo hecho de gusto.
Quizá, después del primer bocado, te convenzas de que el mejor itinerario siempre empieza —y termina— alrededor de una comida.
Fotos: Municipalidad Provincial de Arequipa | PromPerú | gob.mex | Casa e culinaria