En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos (UNOC3), la OMT relanzó el concepto de “turismo azul” como motor de desarrollo sostenible para millones de personas que dependen del mar. El mensaje es claro: si queremos seguir disfrutando de playas, arrecifes y vida marina, debemos replantear cómo viajamos y coexistimos con los ecosistemas costeros.
¿Qué significa realmente el turismo azul?
A diferencia del tradicional turismo de “sol y playa”, este enfoque promueve actividades sostenibles: esnórquel, avistamiento de tortugas, kayak, pesca regulada y buceo en arrecifes protegidos. Todo bajo estrictas directrices para evitar dañar hábitats frágiles. Es un compromiso para garantizar que cada actividad acuática genere ingresos para las comunidades locales sin poner en riesgo corales, manglares ni especies vulnerables.
Lo que dejó UNOC3: Claves para un océano más saludable
En esta última edición, la OMT y sus socios trazaron una hoja de ruta para acelerar la transición hacia un turismo oceánico más justo, limpio y regenerativo. Estos son algunos de los puntos más relevantes:
● Un llamado a transformar el turismo costero: En un evento de alto nivel liderado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), se reafirmó que el turismo representa el 33% de la economía azul, superando sectores como el transporte marítimo y la pesca. Por ello, tiene tanto el potencial como la responsabilidad de actuar frente a la crisis climática y la degradación marina.
● Iniciativa Global de Plásticos en el Turismo: El informe anual 2024 de este proyecto mostró avances concretos en la reducción de la contaminación desde su origen y la aplicación de soluciones circulares en hoteles, operadores y destinos costeros.
● Nuevos mecanismos de financiación para la protección oceánica: Se anunció el mecanismo “One Ocean”, una propuesta innovadora para movilizar inversiones en proyectos sostenibles dentro de comunidades costeras, especialmente en países insulares y en desarrollo. Su objetivo principal: proteger ecosistemas sin frenar las oportunidades económicas.
● Lanzamiento del Pacto por el Turismo Oceánico: Esta nueva alianza global—respaldada por países, organizaciones multilaterales y líderes del sector privado como Accor Group, Iberostar y MSC—busca acelerar los compromisos ambientales en el sector y crear un grupo de trabajo dedicado al turismo costero y marítimo.
● Tecnología e innovación al servicio de los mares: Eventos paralelos exploraron cómo las nuevas tecnologías pueden apoyar el turismo regenerativo, desde modelos financieros verdes hasta soluciones de gobernanza local que permitan a las comunidades desempeñar un papel activo en la gestión de sus destinos.
Lejos de ser un concepto abstracto, el turismo azul empieza a tomar forma en foros como este. Con su vasta costa y rica cultura marina, América Latina tiene la oportunidad de convertirse en referente global de un modelo que preserva, conecta y transforma.
América Latina: Costas listas para liderar
La región alberga entre el 15% y el 20% de la biodiversidad marina mundial. Desde México hasta Colombia, pasando por Costa Rica y Belice, varios destinos ya aplican los principios del turismo azul.
Costa Rica – Tamarindo

El Parque Nacional Marino Las Baulas es vital para la protección de tortugas baulas, lora y verdes. Es uno de los sitios de anidación más importantes del mundo para las baulas. Entre octubre y marzo, puedes participar en recorridos nocturnos para presenciar el desove, una experiencia tan conmovedora como educativa. Hoteles, operadores y comunidades locales trabajan juntos para mantener la certificación Bandera Azul Ecológica, con programas de limpieza de playas, educación ambiental y monitoreo constante de la calidad del agua.
Belice – Gran Agujero Azul

Esta maravilla natural—visible incluso desde el espacio—es considerada uno de los mejores sitios de buceo del planeta. Bucear aquí significa sumergirse en aguas cristalinas, explorar formaciones de estalactitas a más de 40 metros de profundidad y, con suerte, avistar tiburones de arrecife, meros gigantes y otras especies pelágicas. A pesar de su popularidad, las regulaciones locales limitan el número de visitantes para minimizar el impacto y proteger corales y vida marina icónicos.
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Colombia – Capurganá y Sapzurro

En el extremo norte del Chocó, cerca de la frontera con Panamá, Capurganá y Sapzurro ofrecen un escenario único donde selva y mar se entrelazan. Los visitantes pueden hacer esnórquel en aguas cristalinas, recorrer manglares en kayak o caminar por senderos ecológicos que conducen a playas vírgenes como El Aguacate. La inmersión cultural está en el corazón de la experiencia: las actividades son dirigidas por guías locales y diseñadas en alianza con comunidades afrodescendientes, que desempeñan un papel clave en la protección de arrecifes, manglares y especies marinas.
México – Cancún y el Arrecife Mesoamericano
Explorar las aguas turquesas del Caribe mexicano significa sumergirse en un mundo marino de riqueza excepcional. Desde Cancún, Isla Mujeres o Puerto Morelos, puedes practicar esnórquel o buceo en el Arrecife Mesoamericano, el segundo más grande del mundo, hogar de tortugas, rayas águila y espectaculares jardines de coral. Muchas playas también ofrecen actividades educativas, como visitas a centros de conservación de tortugas.
Para proteger este ecosistema único, se han implementado medidas estrictas: acceso restringido a áreas de anidación, promoción de prácticas turísticas responsables y reducción de plásticos de un solo uso en zonas hoteleras.
El turismo azul no busca frenar los viajes, sino darles sentido. En lugar de consumir paisajes, propone habitarlos con respeto. El reto es no repetir los errores del turismo convencional. El crecimiento no debe destruir lo que venimos a admirar. Viajeros, empresas y gobiernos deben entender que proteger el océano no es simbólico: es esencial para el futuro mismo del turismo.
Fotos: Visit Costa Rica | Belize Tourism Board | ProColombia