Entre las islas de San Blas, en Panamá, y las selvas delistmo del Darién, en Colombia, vive un pueblo cuyo arte textil es tan fascinante como conmovedor: los kunas. ¿Su orgullo, su sello distintivo? La mola. Una pieza de tela cosida a mano, pero mucho más que eso: un fragmento de identidad que se lleva cerca del corazón.
Raíces profundas

La palabra mola, que originalmente significa «plumaje de ave» en la lengua dutegaya, ha evolucionado con el tiempo para designar de manera más amplia una prenda de vestir. Sin embargo, su espíritu permanece intacto: un homenaje a la belleza. Inspirados en las pinturas geométricas que antiguamente lucían las mujeres kunas sobre el cuerpo, estos diseños encontraron su camino hacia el tejido tras la llegada de los colonizadores, cuando los cuerpos comenzaron a cubrirse. Lo que antes se dibujaba directamente sobre la piel, efímero por naturaleza, se transformó en una escultura textil: ensamblada, superpuesta y cosida con esmero.
Narrativas hiladas
Una mola nunca es solo un motivo decorativo. Es un universo propio, una expresión cosida que representa animales, plantas, escenas de la vida cotidiana o referencias mitológicas. Las tejiolas (las mujeres que elaboran estos textiles) pueden dedicar hasta seis meses a una sola creación, prueba de la complejidad y el valor de su saber artesanal.
Guardianas de un patrimonio vivo
En la comunidad kuna, las mujeres ocupan un lugar central en la tradición. Son las guardianas de este arte ancestral y las únicas autorizadas a crear y vestir las molas. Estos textiles, mucho más allá de su función práctica, son emblemas de identidad, transmisión y orgullo, reflejo de la memoria colectiva de este pueblo indígena.

Un eco en el mundo
Desde los pueblos del archipiélago caribeño de San Blas hasta las vitrinas de museos de todo el mundo, las molas han recorrido un largo camino. Lo que antes era una prenda de uso cotidiano es hoy una obra de arte reconocida, coleccionada y celebrada. Actualmente candidata a formar parte de la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, la mola cuenta incluso con un museo dedicado exclusivamente a ella en Panamá.
La mola es una oda textil al alma de los kunas, una sinfonía de colores y formas. Cada pieza resuena como una historia ancestral, un puente entre el pasado y el presente, y un homenaje a la creatividad y la destreza de las mujeres que mantienen viva esta tradición.