Texto de Marcelo Gómez – Este artículo fue publicado originalmente en www.elcafelatino.org
Paraco, en quechua, significa: para / lluvia y aco / arena, es decir, “lluvia de arena”, y en español se escribe Paracas.
Probablemente, cuando escuchas la palabra “Perú”, piensas directamente en el increíble y majestuoso Machu Picchu, ¿verdad? Pero hoy quisiera llevarte de viaje, con la ayuda de algunas frases, hacia otro destino maravilloso de este gran país.
Paracas es un distrito ubicado en la provincia de Pisco, en el departamento de Ica, a solo 3 horas de Lima, la capital; entre el desierto árido y la inmensidad tranquila del océano Pacífico, donde el viento puede soplar hasta 60 km/h, acompañado de temperaturas que alcanzan los 30 grados en verano.

En Paracas encontrarás un mundo de hermosas playas, como Supay, y en una de estas bahías podrás admirar flamencos de alas rojas y pecho blanco, que inspiraron a José de San Martín a elegir los colores de la bandera nacional peruana.
Si deseas descubrir más, puedes embarcarte en una de las lanchas turísticas que te acercarán a un mundo mágico en medio del océano tras unos pocos kilómetros. El recorrido comienza con el geoglifo de un candelabro de 170 metros de altura, cuyo autor y propósito son desconocidos. Este es reconocido como parte del patrimonio cultural de la nación y forma parte de la Reserva Nacional de Paracas, un área costera protegida.

Durante la travesía, miles de aves buceadoras te darán la bienvenida y te acompañarán, formando majestuosas figuras en el aire. Al llegar a las islas Ballestas, formadas por 20 arcos rocosos, podrás observar a la población de leones marinos que descansan tranquilamente después de haberse alimentado toda la noche. También verás algunos recuperando fuerzas y recordando con amargura su derrota en la ardua batalla por la conquista de un harén, a veces compuesto por más de 20 hembras.
Además de estos animales, verás cientos de pingüinos de Humboldt, los únicos que existen en el país, y que se encuentran al borde de la extinción —quizás debido a que son monógamos y fieles a sus parejas—. En cualquier caso, esperan juntos el paso de las horas para luego nadar rápidamente en busca de alimento, como anchovetas y pejerrey.

En medio de este paraíso, las rocas forman parte del paisaje, dibujando por ejemplo el perfil de Cristo en una de ellas, o la llamada isla de los deseos un poco más adelante.
No solo eso, este ecosistema también está habitado por algunos hombres que viven y trabajan durante meses, recolectando toneladas de guano: los excrementos de aves que cubren las islas con manchas blancas y sirven como fertilizante para la tierra.
Finalmente, de regreso al continente y antes de abandonar esta zona única del mundo, se recomienda probar un plato fresco y delicioso de mariscos, como el ceviche, en alguno de los restaurantes cercanos a la playa. Se disfruta aún más, porque la vida sabe mejor junto al mar.
