Río de Janeiro, destino icónico de Brasil, se prepara para acoger la próxima cumbre de líderes del G20 los días 18 y 19 de noviembre de 2024. Conocida por su energía desbordante y sus paisajes espectaculares, la ciudad ofrece mucho más de lo que su imagen global deja entrever. Este gran acontecimiento volverá a situar a Río en el centro de la atención internacional y ofrecerá la oportunidad perfecta para redescubrir las múltiples facetas de una ciudad que nunca deja de sorprender.
Una capital histórica y literaria

¿Sabías que Río de Janeiro fue en su día la capital de un imperio? Entre 1808 y 1822, la ciudad se convirtió en la capital del Reino de Portugal y, posteriormente, del Imperio de Brasil. Este legado único se conserva en el Real Gabinete Portugués de Lectura, una espectacular biblioteca situada en pleno centro de Río. Fundada en 1837 por inmigrantes portugueses, alberga más de 350.000 libros, entre ellos verdaderos tesoros literarios, como una primera edición de Os Lusíadas (1572). El edificio, diseñado en estilo neomanuelino, es una auténtica joya arquitectónica, con piedra importada de Portugal para su construcción.
📍 Dirección: Rua Luís de Camões, 30 – Centro, Río de Janeiro. Entrada gratuita.
Una obra de arte monumental

Los amantes del arte urbano quedarán impresionados por el mural Etnias, también conocido como Todos somos um (Todos somos una sola humanidad), del artista Eduardo Kobra. Ubicado en el Boulevard Olímpico, este gigantesco fresco de 32.300 metros cuadrados ostenta el récord Guinness de la obra de arte urbano más grande del mundo. Creado para los Juegos Olímpicos de 2016, representa cinco rostros de distintos grupos étnicos, simbolizando la unión global. Para realizarlo, Kobra y su equipo utilizaron 1.500 litros de pintura y 3.000 aerosoles, transmitiendo un poderoso mensaje de paz y diversidad.
📍 Dirección: Av. Rodrigues Alves, 241 – Gambôa.
Un dedo apuntando al cielo

Además del famoso Pan de Azúcar, Río alberga otra formación rocosa espectacular: el Dedo de Dios (Dedo de Deus). Situado en Teresópolis, a 60 kilómetros de Río, este pico con forma de dedo índice apuntando al cielo alcanza los 1.500 metros de altitud. Con más de 600 millones de años de antigüedad, atrae tanto a aficionados a la escalada como a amantes de la naturaleza. Las vistas desde la cima ofrecen un espectáculo inigualable del Parque Nacional de la Serra dos Órgãos y sus alrededores.
Cascadas escondidas en pleno Río
El Parque Nacional de la Tijuca, el bosque urbano más grande del mundo, esconde varias cascadas naturales que ofrecen un remanso de paz en el corazón de la bulliciosa ciudad. Las Cachoeiras do Horto, con sus piscinas naturales, son especialmente apreciadas por locales y viajeros. La más apartada cascada Diamantina invita a sumergirse en un entorno de exuberante vegetación que recuerda al Amazonas, a pesar de encontrarse a solo unos minutos de la metrópoli. Son lugares ideales para refrescarse y reconectar con la naturaleza.
Un vestigio de la era de los dirigibles

Río de Janeiro conserva uno de los últimos hangares de zepelines del mundo, ubicado en la base aérea de Santa Cruz. Construido en 1936, este gigantesco hangar albergaba los famosos dirigibles alemanes que realizaban vuelos transatlánticos entre Europa y Sudamérica. Con 60 metros de altura y 270 metros de longitud, sigue siendo una curiosidad arquitectónica y un fascinante testimonio de una época pasada. En la actualidad, solo puede visitarse en ocasiones especiales.
📍 Dirección: Base Aérea de Santa Cruz – Rua do Império.
Mucho más allá de sus postales icónicas, Río de Janeiro alberga tesoros inesperados que dan testimonio de su riqueza cultural y natural. Estos secretos, en la encrucijada entre historia, arte y naturaleza, invitan a descubrir la ciudad desde una nueva perspectiva, a través de experiencias únicas e inolvidables.
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Fotos: Riotur/ Fuerza Aerea Brasileña – Source: Embratur
