En cada nueva edición, los World Travel Awards no se limitan a elaborar una lista de destinos en competencia. Las nominaciones también ofrecen una lectura bastante precisa de cómo se estructura y evoluciona la oferta turística a escala global.
En 2026, este marco pone en evidencia una realidad ya perceptible sobre el terreno: los destinos ya no se posicionan únicamente por su notoriedad, sino por su capacidad de responder a expectativas cada vez más específicas. En este contexto, América Latina aparece como una región capaz de cubrir una amplia gama de experiencias, desde la naturaleza hasta las grandes ciudades, pasando por la cultura y la gastronomía.
Referencias que siguen estructurando la demanda
Algunos destinos ya no buscan emerger: se imponen con el tiempo. Su presencia regular en las nominaciones confirma su papel como puntos de entrada para un primer descubrimiento de la región, así como su capacidad para estructurar itinerarios más amplios.
Machu Picchu en Perú, Chichén Itzá en México o las cataratas de Iguazú entre Argentina y Brasil siguen siendo algunos de los sitios más reconocibles a escala internacional. Junto a ellos, entornos como el desierto de Atacama en Chile, el glaciar Perito Moreno en Argentina o el parque nacional Tayrona en Colombia continúan atrayendo a viajeros en busca de espacios abiertos y experiencias vinculadas a la naturaleza.
Estos destinos no se limitan a su imagen: suelen servir como punto de partida para construir itinerarios que incorporan otras etapas, a veces menos conocidas, pero complementarias.
Ciudades y destinos: capacidad de adaptación
Algunos destinos destacan por su versatilidad. Es el caso de países como República Dominicana o de ciudades como Bogotá, Buenos Aires, Lima o Río de Janeiro, capaces de integrarse en distintos tipos de viaje sin perder claridad en su posicionamiento.
En un mismo territorio conviven el turismo urbano, cultural, deportivo, de negocios o las estancias cortas. Esta diversidad se apoya en infraestructuras sólidas, buena conectividad aérea y una oferta suficientemente amplia para adaptarse a distintos perfiles.
En la práctica, esta flexibilidad facilita la construcción de itinerarios. Un destino puede funcionar como punto de entrada, integrarse en un viaje de negocios o prolongarse como estancia de ocio, según las necesidades.
Segmentos que ganan espacio
La edición 2026 confirma también el peso creciente de segmentos específicos dentro de la oferta regional. El enoturismo es un ejemplo especialmente visible en América del Sur.
En regiones como Mendoza y el Valle de Uco en Argentina, así como en Chile y Uruguay, las bodegas se han ido abriendo progresivamente a los visitantes. La visita ya no se limita a la producción: se integra en una experiencia más amplia que combina degustación, paisaje y descubrimiento del territorio.
Este tipo de oferta ilustra una evolución más general: los destinos ya no se limitan a existir, sino que desarrollan productos claramente identificados.
Votar como herramienta de visibilidad
La votación para la edición 2026 ya está abierta y se extenderá hasta el 12 de junio para las categorías de América del Sur y América Central. Como cada año, reúne al público general y a los profesionales del sector, cuyos votos tienen mayor peso una vez verificados.
Más allá de las nominaciones, este proceso contribuye directamente a la visibilidad de los destinos en los próximos meses. También ofrece la oportunidad, tanto a los actores del turismo como a los viajeros, de apoyar los lugares que cuentan en sus itinerarios y en su percepción de la región.
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Fotos: Visit Argentina