Candombe: los tambores afro-uruguayos que cuentan Montevideo

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En Montevideo, el candombe pertenece ante todo a la calle. Se reconoce por el sonido de los tambores, la marcha de las comparsas, los parches calentados cerca del fuego antes de la salida y los grupos que avanzan por los barrios Sur, Palermo o Cordón. Para los visitantes, el encuentro suele producirse en febrero, durante el carnaval, en el Desfile de Llamadas. Pero el candombe no se limita a esta gran cita: lleva consigo la memoria de la historia afro-uruguaya del país, de las prácticas familiares y de los barrios.


Una historia afro-rioplatense

El candombe tiene sus raíces en la historia de las poblaciones africanas y afrodescendientes del Río de la Plata. En la época colonial, hombres y mujeres esclavizados fueron llevados a la región de Montevideo y Buenos Aires. Con ellos llegaron ritmos, formas de reunirse, cantos, gestos y recuerdos que encontraron, en ambas orillas del río, nuevas formas de expresión.

Candoumbe, Pedro Figari (1930)

En Uruguay, esta tradición adquirió una fuerza particular en los barrios de Montevideo donde vivían numerosas familias afrodescendientes. Allí, el tambor se convirtió en mucho más que un instrumento. Reunía y acompañaba las fiestas, los duelos y los momentos de reivindicación. La palabra “llamada”, hoy asociada al gran desfile del carnaval, conserva esta idea: el tambor avisa, convoca, hace venir a los demás.

El candombe ocupa hoy un lugar central en la identidad cultural de Uruguay, pero sus raíces superan el marco nacional: pertenecen a la historia afrodescendiente compartida entre Montevideo y Buenos Aires.

Montevideo, ciudad de tambores

Tres barrios aparecen siempre cuando se habla de candombe en la capital uruguaya: Barrio Sur, Palermo y Cordón. Son lugares donde las comparsas ensayan, salen y mantienen una presencia regular en el espacio público, incluso fuera del periodo de carnaval.

El candombe se basa en una cuerda de tres tambores: el chico, que mantiene la base; el repique, que introduce las variaciones; y el piano, más grave, que da profundidad. Juntos no producen una simple rítmica: construyen un diálogo, reconocible desde los primeros compases.

Esta música se toca caminando. Los tambores se llevan al hombro, se afinan antes de la salida con el calor del fuego y luego se ajustan gracias a la experiencia de los músicos. La calle no es un decorado añadido a la práctica: forma parte de ella. El sonido se desplaza, atraviesa las fachadas, modifica la percepción del barrio y recuerda que el candombe nació en espacios públicos.

Las Llamadas, y todo lo que existe alrededor

El Desfile de Llamadas es hoy uno de los grandes momentos del carnaval de Montevideo. Las comparsas desfilan con sus tambores, sus bailarines, sus banderas y personajes tradicionales como el Gramillero, la Mama Vieja o el Escobero. Estas figuras no son simples personajes disfrazados: remiten a roles antiguos, a imaginarios de comunidad y a una memoria transmitida a través del desfile.

Para acercarse al candombe fuera de este periodo, el Museo del Carnaval, la agenda cultural de Montevideo e iniciativas como Latido Afro permiten comprender mejor los lugares, la historia y los actores de esta escena, especialmente asistiendo a los ensayos de las comparsas durante todo el año.

Quizás sea ahí donde el candombe se entiende mejor: en esa continuidad entre preparación, calle, familia, música y carnaval. El desfile atrae las miradas, pero la tradición no empieza con él ni se detiene después de su paso.

Una memoria también presente en Argentina

Argentina también forma parte de esta historia, aunque ocupa en ella un lugar menos visible. En Buenos Aires, el candombe no siguió la misma trayectoria que en Montevideo, ya que durante mucho tiempo circuló en ámbitos más familiares, en ciertos barrios como Monserrat, San Telmo o La Boca, y con formas musicales a veces diferentes, mucho antes de que el tango ocupara un lugar central en la historia cultural afroporteña.

Esta diferencia permite evitar confundir las dos tradiciones. El nombre circula, las raíces se responden, pero cada ciudad tiene su propia historia. En Montevideo, el candombe se convirtió en un símbolo nacional. En Buenos Aires, recuerda una presencia afroargentina a menudo poco destacada en el relato cultural del país.

Una tradición que sigue moviéndose

El candombe dialoga hoy con la canción, el jazz, el rock, el pop y las escenas internacionales. Artistas como Rubén Rada, Jaime Roos, Hugo Fattoruso o Jorge Drexler han contribuido a hacer escuchar sus ritmos más allá de las calles de Montevideo.

Esta vitalidad también se observa en formatos más recientes. La Rueda de Candombe, en Montevideo, reúne a un público numeroso en torno a un encuentro musical donde los tambores dialogan con las voces y otros instrumentos. Este éxito muestra el interés actual por esta música, especialmente entre las generaciones jóvenes y los visitantes.

El candombe puede ser una fiesta, una salida cultural, un encuentro con una de las grandes expresiones musicales del país, pero sigue siendo también una tradición de transmisión, sostenida por familias, comparsas y músicos atentos a la memoria que contiene. Esa doble dimensión es lo que le da fuerza: un arte vivo, abierto a quienes vienen a escucharlo, pero inseparable de la historia de la que procede.

Fotos: Intendencia de Montevideo

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