Después de haber recorrido sus orígenes, esta segunda parte sigue el reguetón en el momento en que se transforma en un fenómeno mundial.

En 2004, el reguetón ya no era un asunto estrictamente puertorriqueño. La música circulaba por el Caribe, América Latina, las comunidades latinas de Estados Unidos y empezaba a escucharse en Europa. Pero con Gasolina, Daddy Yankee le dio un tema capaz de cruzar esas fronteras de una forma mucho más amplia.
La canción se convirtió en una puerta de entrada a un género que millones de oyentes descubrieron sin conocer necesariamente su historia. En 2005, ese tema fue la primera canción de reguetón nominada a Grabación del Año en los Latin Grammy Awards, mientras que Barrio Fino ganó el premio al mejor álbum de música urbana e instaló definitivamente a Daddy Yankee como el rostro de esta primera ola internacional.
El cambio, sin embargo, no se reduce a una sola canción. Durante esa década, el reguetón ganó visibilidad mucho más allá de sus primeros públicos: en los medios, las colaboraciones con el hip-hop estadounidense, el cine, los clubes y, pronto, los gimnasios.
Cuando el sonido sale de sus circuitos habituales
Las diásporas desempeñaron un papel importante en esta circulación. CD, VHS y luego archivos MP3 pasaban de un país a otro, entre América Latina, Estados Unidos y Europa, en una época en la que las plataformas de streaming todavía no existían.
En Estados Unidos, las colaboraciones con el hip-hop aceleraron el movimiento. En 2005, Daddy Yankee, Don Omar y Tego Calderón se presentaron en el escenario de los MTV Video Music Awards. Diez años después de las confiscaciones de casetes en tiendas puertorriqueñas, el contraste era llamativo: el reguetón se tocaba ya durante una de las grandes ceremonias musicales estadounidenses.
El cine también participó en esta familiarización. El tema Bandoleros, de Don Omar y Tego Calderón, apareció en el universo de Fast & Furious, antes de que los dos artistas se integraran ellos mismos a la franquicia. El reguetón acompañó así películas vistas muy lejos de los mercados latinoamericanos.
Pero su difusión también tomó un camino mucho menos esperado: los gimnasios.
La Zumba, otro pasaporte para el reguetón

Creada por el colombiano Beto Pérez y desarrollada comercialmente en Estados Unidos a comienzos de los años 2000, la Zumba se convirtió en pocos años en un fenómeno internacional. El reguetón ocupa allí un lugar importante: forma parte, junto con la salsa, el merengue y la cumbia, de los ritmos básicos enseñados a los instructores.
Sería excesivo atribuir a la Zumba la mundialización del reguetón. Pero sí participó en algo más discreto y probablemente igual de importante: hacer familiar este ritmo para personas que no necesariamente escuchaban música latinoamericana.
En un gimnasio de París, Londres, Tokio o cualquier otro lugar, se podía aprender a bailar sobre un tema de reguetón sin conocer a ninguno de los artistas. El vínculo entre los dos universos incluso se hizo explícito con Limbo, de Daddy Yankee, creado especialmente para Zumba Fitness, mientras que Don Omar lanzó un tema titulado Zumba.
El reguetón ya no era entonces únicamente una música que se buscaba en un club o en una radio especializada. También acompañaba el deporte, las vacaciones, el cine, las salidas nocturnas y, más ampliamente, cierta idea de la fiesta.
Medellín desarrolla otro reguetón
En los años 2010, Medellín se convirtió en uno de los principales laboratorios del género. La ciudad no se limitó a reproducir el sonido puertorriqueño. Artistas y productores colombianos desarrollaron progresivamente un reguetón a menudo más melódico, más cercano a la pop y menos directamente ligado al rap que el de los pioneros.

Reykon abrió el camino, y luego J Balvin y Maluma dieron a esta escena una visibilidad internacional. Las letras hablaban más de seducción, relaciones amorosas y melodías fáciles de recordar, mientras que las producciones se volvían más adaptadas a la radio y, pronto, a las plataformas.
Nicky Jam, uno de los pioneros del género, encarna perfectamente el paso entre esas dos épocas. Originario de Puerto Rico e integrante del dúo Los Cangris junto a Daddy Yankee, se instaló en Medellín después de una etapa marcada por las adicciones y el declive de su carrera. La ciudad le permitió reencontrar un público y adoptar un registro más melódico que acompañaría su regreso al primer plano.
Su trayectoria incluso se convertiría en una serie biográfica, Nicky Jam: El Ganador, de la cual una parte importante cuenta su instalación y reconstrucción en Medellín.
Nicky Jam se convierte así en el punto de unión entre el Puerto Rico de los años noventa y la Colombia que llevaría a la siguiente generación.
2017: el español ya no es una frontera
Una nueva etapa se alcanzó en 2017 con Despacito, de Luis Fonsi y Daddy Yankee. El tema se instaló durante dieciséis semanas en el primer lugar del Billboard Hot 100 en su versión con Justin Bieber. Al mismo tiempo, Mi Gente, de J Balvin y el francés Willy William, se impuso entre las canciones más escuchadas del mundo.
La importancia de estos temas va más allá de sus posiciones en las listas. Mostraron que una canción interpretada en gran parte o íntegramente en español podía convertirse en un fenómeno mundial sin tener que transformarse en una canción de pop anglófono.
El streaming aceleró esta evolución. Los antiguos circuitos de distribución pesaban menos, las fronteras entre mercados se volvieron más porosas y las colaboraciones se multiplicaron.
De Bad Bunny a Karol G, una nueva etapa

Originario de Puerto Rico, Bad Bunny construye una carrera mundial esencialmente en español, al tiempo que pasa libremente del reguetón a la salsa o a otras músicas caribeñas. En 2025, se convirtió por cuarta vez en el artista más escuchado del mundo en Spotify, con 19.800 millones de reproducciones durante el año.
En febrero de 2026, su álbum Debí tirar más fotos ganó el Grammy al Álbum del Año, y unos días después el artista estuvo a cargo del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, rindiendo homenaje a su isla natal, sus raíces musicales, el reguetón y América Latina.
Este recorrido habla de una evolución profunda. Durante mucho tiempo, una estrella latinoamericana solía tener que pasar por el inglés para acceder al centro de la industria estadounidense. Con Bad Bunny, esa lógica se invierte en parte: ahora es el público mundial el que viene a escuchar una música que sigue profundamente ligada a Puerto Rico.

Unas semanas después, Karol G se convirtió en la primera cantante latina en encabezar el cartel del festival Coachella. Al comienzo de su concierto, eligió presentarse simplemente: “I’m Carolina Giraldo, from Medellín, Colombia”.
La frase resume casi por sí sola el recorrido de la ciudad. Nicky Jam había encontrado allí un segundo comienzo, J Balvin había contribuido a mundializar su reguetón, y Karol G llega ahora a la cima de uno de los escenarios más mediáticos de Estados Unidos.
Hoy, el movimiento continúa con el dembow dominicano, las escenas chilena y argentina, la trap, la electrónica o el regreso de algunos artistas hacia la salsa, que difuminan todavía más las fronteras. Varias figuras del género vuelven también hacia estilos tradicionales que las acompañaron antes del reguetón.
El reguetón quizá haya ganado el mundo precisamente porque nunca dejó de cambiar en el camino.